En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
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Arthur Schopenhauer (1788-1860)
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martes, 5 de mayo de 2009

Sinfonía Patética de Tchaikovsky, relato del sufrimiento emocional

La manera en que escuchamos la Sexta Sinfonía de Tchaikovsky sin duda alguna está influenciada por su subtítulo, “Patética”.

Parece no tener importancia el hecho de que, en un primer momento, el compositor deseara denominarla Sinfonía Programática (aunque se negó a divulgar la naturaleza del programa) y tampoco importa que haya deseado que se le quitara el título de Patética después del estreno.

Hoy en día conocemos la obra como “La Patética” y tampoco hay manera de negar las connotaciones que nos trae la palabra.

En realidad, el título fue sugerido por el hermano del compositor, Modesto, que al principio propuso “Trágica”, nombre que Tchaikovsky rechazó.

La palabra rusa que utilizó Modesto, fue: patetichesky, que significa más “Apasionado” o “Emocional” que “patético” o “lamentable”.

De acuerdo con el biógrafo de Tchaikovsky, John Warrack, en el término ruso hay una insinuación de la idea de sufrimiento, de manera que “la obra es la sinfonía de Tchaikovsky sobre el sufrimiento emocional”.

El compositor era de carácter depresivo. Mientras trabajaba en la sinfonía, contrariamente a lo que se podría esperar, no estaba de humor sombrío.

Le escribió a su amigo Bob Davidov: “No puedes imaginarte la felicidad que es saber que mi tiempo todavía no ha pasado y que sigo siendo capaz de trabajar”.

Tchaikovsky creía que “La Patética” era su mejor composición. 

La Sinfonía Patética parece ser una expresión de la naturaleza hipersensible de Tchaikovsky.

Probablemente es por eso que optó por no revelar el programa de la misma. Pero no es muy complicado seguir los estados emocionales retratados en esta música.

El adagio final es un relato casi nervioso de “sufrimiento emocional”, pero el lúgubre primer movimiento, con su segundo tema agridulce, así como los ritmos asimetricos del vals y la forzada alegría de la marcha, no logran ocultar el fondo trágico de toda la obra.

El lenguaje de Tchaikovsky es inmediato, carente de sutileza y en ninguna otra obra su emocionalismo es más personal que en la Patética.

Su sentimentalismo era sintomático de su era. Actualmente, los excesos del arte romántico tardío pueden ser apreciados en su contexto histórico.

El desborde de esta música, especialmente en su último movimiento, hoy nos resulta tolerable porque no parece retratar la desesperación humana más profunda posible.

Aunque la intención del compositor haya sido la descripción de la gran tragedia, la música misma no intenta alcanzar semejantes alturas.

Es efusiva, poco sutil, impulsiva y, sin embargo, es inmediata y espontánea; es en una palabra, humana.

lunes, 4 de mayo de 2009

Johannes Brahms, un perfeccionista

Brahms era único entre los compositores románticos austro-alemanes que puso interés en la composición de música de cámara.

Con el rápido desarrollo del poder expresivo de la orquesta durante los años de juventud de Brahms, el papel tradicional de la música de cámara en la presentación de ideas musicales fue inevitablemente disminuido.

Más bien fue la música de cámara para un conjunto instrumental más grande, tales como  el octeto de cuerdas de Mendelssohn, o piezas de inusuales combinaciones de instrumentos, tales como “Retratos de cuentos de Hadas” Op. 132 de Robert Schumann para clarinete, viola y piano, que parecen más característicos.

A pesar de las numerosas contribuciones de las formas tradicionales de estos compositores, sólo uno se destaca como una obra maestra con visión de futuro, el Quinteto para piano de Schumann.

Brahms restableció la producción de un lazo más firme con el pasado clásico no sólo al ofrecer una gama más amplia de las obras, pero creaciones que contenían algunas de sus ideas más sorprendentes y formas originales.

Brahms, fue capaz de inspirarse en obras desconocidas para la generación de Schumann y Mendelssohn, obras como el Quinteto de cuerdas en Do mayor, op. 163 y el Cuarteto de Cuerdas en Sol mayor op. 161 de Franz Schubert, publicado sólo en la juventud de Brahms.

A su vez, el ejemplo de Brahms ofrece un estímulo directo a la música intensamente agrupada pensando en los compositores más radicales de la próxima generación: para Schoenberg y su escuela estuvieron tan influidos por la temática de Brahms al igual que por el por el uso del método “leitmotiv” de Wagner.

Sin embargo, Brahms lentamente llegó a un acuerdo con el mayor desafío de la tradición clásica de la música de cámara, el cuarteto de cuerdas.

Esto fue en parte por razones técnicas, ya que el mismo Brahms le dijo a su amigo Alwin Cranz que escribió por lo menos veinte cuartetos de cuerdas antes de publicar el opus 51 en 1873.

Pero también ésta dificultad, pudo haber surgido de los elogios que Robert Schumann escribió en el artículo "Nuevos Caminos", cuando Brahms tenía sólo veinte años.

Allí, Schummann describe a Brahms como un futuro gran maestro de las formas musicales, y probablemente esto, intensificó su natural perfeccionismo de cara al ejemplo clásico.

martes, 31 de marzo de 2009

La cuarta sinfonía, "Romántica" y Anton Bruckner lejos de lo descriptivo


La historia de la cuarta sinfonía de Bruckner es algo complicada y confusa. Existen no menos de cinco versiones.

Bruckner compuso la cuarta sinfonía en 1874, mientras revisaba la tercera sinfonía que había terminado de componer.

La versión original jamás fue estrenada ni publicada.

El compositor reescribió la sinfonía entre los meses de enero y septiembre de 1878.

Después en el mes de diciembre, sustituyó el scherzo por un movimiento completamente nuevo, el que conocemos hoy.

Entre noviembre de 1879 y junio de 1880, reestructuró totalmente el final.

La versión que resultó fue ejecutada por Hans Richter en Viena en 1881.

Bruckner hizo revisiones menores después de escuchar la obra, en preparación para otra presentación, en 1881, dirigida por Félix Mottl en Karlsruhe.

Actualmente hay tres versiones impresas de la cuarta sinfonía, la 3, la 4 y la 5.

Los distintos directores eligen ejecutar ediciones diferentes y muchos deciden hacer sus propias versiones, tomando elementos de cada una de estas tres publicaciones .

De manera que es posible escuchar dos interpretaciones  de la Cuarta Sinfonía de Bruckner en las que la música es bastante diferente.

Una vez terminada (la primera vez), Bruckner denominó a su Cuarta Sinfonía, “La Romántica”.

Nadie sabe porqué individualizó a esta obra entre sus once sinfonías con un título descriptivo.

No hay nada en especial de programa en la pieza.

Sus armonías y melodías no son más románticas que las de sus otras sinfonías y la pieza parece tan alejada de la música descriptiva como todo lo demás que escribió.

Quizá Bruckner se refería al carácter casi pastoral de la música.

Una vez se le preguntó al compositor qué significaba el título y su respuesta fue tan insólita, que solo se la puede tomar como una broma, una sátira sobre la música excesivamente descriptiva:

“Una ciudadela de la Edad Media. Amanecer. La llamada se oye desde la torre. Las puertas se abren. Los caballeros avanzan con brío montados en orgullosos corceles. La magia de la naturaleza los rodea”

martes, 10 de marzo de 2009

La sinfonía Italiana de Mendelssohn, un sonido auténticamente romántico

Esta tarde escuchamos la sinfonía italiana de Félix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847) una obra llena de originalidad y sutileza.

Puede considerarse una auténtica joya de la literatura sinfónica del siglo XIX.

La Italia que evoca el compositor en esta obra, es un país tal y como lo ve un turista. Salvo por su último movimiento,  que es una danza folclórica, llamada Saltarello.

A pesar de que se ajusta a los procedimientos formales que son propios del espíritu clásico, su sonido, con una orquestación brillante, sus melodias encantadoras, conforman algo totalmente romántico. 

miércoles, 18 de febrero de 2009

Schumann, fiel representante del romanticismo

"La elevada misión de la música es iluminar las profundidades del corazón humano" 
Robert Schumann (1810-1856)

Con estas palabras del propio compositor, nos damos cuenta de que sin duda alguna fue un romántico en la mayor expresión.

Cerca de 1840, mientras esperaba que se resolviera la disputa judicial que tuvo que emprender para casarse con su amada Clara Wieck, Robert volcó su amor en la música y había escrito un centenar de canciones, de las cuales hoy pudimos escuchar una pequeña muestra.

Todas, llenas de una expresividad musical absolutamente poética, y a diferencia de los "Lied" de compositores anteriores a él, en estas canciones Schumann logró un equilibrio entre el sonido del piano, la voz humana y la importancia de la letra.

No cabe duda de que su música desborda juventud, y envía un mensaje a la humanidad de vida y amor.

María Isabel Dávila

martes, 17 de febrero de 2009

La primera Sinfonía de Beethoven, un eslabón entre lo clásico y lo romántico



En nuestros días habiendo escuchado ya las otras sinfonías del gran Beethoven, quizá la sinfonía que escuchamos hoy, nos parezca algo calma.

Sin embargo esta obra, innovadora en su tiempo, contiene elementos que podrían considerarse como esa puerta que estaba cerrando el período clásico de la música y la nueva era para aquel entonces, el romanticismo.

Esta tarde pudimos apreciar, tres de sus cuatro movimientos pero estaba claro que había una marcada diferencia entre las sinfonías de Haydn y Mozart.

Se percibe una confluencia entre un homenaje y una rebelión con respecto a la música de Haydn, en la sinfonía en do mayor, seguramente refleja los sentimientos ambivalentes que invadían al compositor en ese momento con respecto a su viejo maestro, a quien Beethoven consultaba cada vez con menor frecuencia.

En sus últimos años, Haydn expresó su desilusión por el olvido de su antiguo discípulo y también confusión ante las composiciones abiertamente revolucionarias de Beethoven, como la Sinfonía Heroica.

Sin embargo, después de la muerte de Haydn en 1809, Beethoven dejó de hacer comentarios despectivos y no expresó sino admiración por el compositor cuya música había contribuido a dar forma a la suya.

María Isabel Dávila

lunes, 9 de febrero de 2009

Una nueva semana, inició con Bach

Johann Sebastian Bach (1685-1750) fue el compositor que dió inicio a esta nueva semana de programa.  Primero dos movimientos del concierto para violín en la menor BWV 1041 en una magnífica e histórica interpretación de Isaac Stern grabada en junio de 1950 con la Orquesta del Festival de Prades dirigida por Pablo Casals.

Luego de conocer un poco más sobre la infancia de Bach, la afamada pianista Clara Haskil y el concierto  en fa menor BWV 1056 nuevamente con la Orquesta de Prades y Casals.

Paradójico saber que la muerte de un genio de la música fue recordada en un pequeño obituario y que su obra permaneció en el olvido durante largo tiempo hasta que Mozart y posteriormente Beethoven supieron reconocer el valor que tenía. Afortunadamente, durante el período del romanticismo muchos otros compositores lograron mostrar al mundo al gran Johann Sebastian Bach.

La influencia que tiene su música, sigue vigente en pleno siglo 21. Los intérpretes de hoy ven en Bach un modelo de perfección y expresividad.

María Isabel Dávila