En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
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Arthur Schopenhauer (1788-1860)
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martes, 21 de abril de 2009

César Franck, forma sinfónica Beethoveniana con un lenguaje armónico Wagneriano

Cesar Franck (1822-1890)


SINFONÍA EN RE menor

Para lograr comprender por qué la Sinfonía en Re menor de Franck fue un fracaso el día de su estreno, es importante tener en cuenta como era el ambiente musical que reinaba en París en la década que se inicio en 1880.

Existían fundamentalmente tres aspectos:

El público, en general, estaba interesado casi exclusivamente en la ópera, a menudo del tipo más trivial.

Los progresistas, que incluían a Franck y sus discípulos estaban entusiasmados por la nueva música radical de Wagner y Liszt.

El conservatorio de París, en el que Franck era profesor, representaba el colegio musical.

A través de su enseñanza y de su control sobre todo lo que se ejecutaba en el conservatorio, los demás compositores del cuerpo docente intentaban mantener la tradición sinfónica de Beethoven y de Haydn.

Como no enseñaba composición sino órgano, Franck era considerado un “intruso”.

Los profesores de composición no podían simpatizar con su interés por las armonías wagnerianas, a pesar del furor que por esos días causaba en París la música de Wagner, especialmente entre los compositores más jóvenes.

La Sinfonía en re menor de Franck está ligada a ambas tradiciones: su forma sinfónica es propia de Beethoven, mientras que su lenguaje armónico es propio de Wagner.

La mayoría de los Wagnerianos franceses (incluyendo los alumnos de Franck, Vincent d’Indy, Henry Duparc y Emmanuel Chabrier) compuso óperas, música de programa y música vocal.

Pero ¿podía una sinfonía sin historia, sin texto, ser un vehículo apropiado para las armonías wagnerianas?

Según la escuela musical parisina, la respuesta era un rotundo no.

Se suponía que una sinfonía seguía el modelo establecido por Beethoven.

El estreno de la sinfonía en re menor de César Franck estuvo a cargo de la orquesta del conservatorio de París.

El público de conservadores y pretenciosos creía que ellos sabían el modo en el que se suponía que debía sonar una sinfonía y la nueva pieza de Franck no se aproximaba a su ideal.

Aunque los contemporáneos de César Franck pudieron haber deplorado la intromisión de las técnicas y armonías de Wagner en la consagrada tradición sinfónica de Beethoven, las ideas de Franck tienen tanto integridad como poder.

Así que la sinfonía en re menor, ha sobrevivido mucho más tiempo que las insignificantes polémicas con las que se enfrentó en el momento de su estreno.

POEMA SINFÓNICO PSIQUIS

El poema sinfónico “Psiquis”, sigue el patrón del “Romeo y Julieta” de Héctor Berlioz, contando la historia por medio de un coro y un aislamiento de la evocación de sentimientos más profundos a los movimientos puramente orquestales.

"Psiquis y Eros" es el cuarto de los seis movimientos que conforman esta obra, y se encuentra en el corazón del trabajo.

Concebidos sus temas en términos generales, la armonía y calidez de la luz de su orquesta forman un fascinante contraste a la sinfonía Re menor.

Muestran al compositor Franck perfectamente a gusto con el movimiento lento y sostenido, con un mundo repleto de sensaciones.

A diferencia de la sinfonía en Re que es diseño, Psiquis es decorativa.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Oberturas de Giuseppe Verdi

Giuseppe Verdi nació en 1813 en Roncole, actual Italia.

Fue contemporáneo de Wagner, y como él, fue un compositor preferentemente dramático, Verdi fue el gran dominador de la escena lírica europea durante la segunda mitad del siglo XIX. 

Su arte, sin embargo, no fue el de un revolucionario como el del alemán, por el contrario, para él toda renovación debía buscar su razón en el pasado. 

En consecuencia, aun sin traicionar los rasgos más característicos de la tradición operística italiana, sobre todo en lo relacionado al estilo de escritura vocal, consiguió dar a su música un razgo nuevo, más realista y opuesto a todo arreglo no justificado.

Nacido en dentro de una familia muy modesta, Verdi tuvo la fortuna de contar desde fecha temprana con la protección de Antonio Barezzi, un comerciante de Busseto aficionado a la música que desde el primer momento creyó en sus dotes. 

Gracias a su ayuda, el joven pudo desplazarse a Milán con el propósito de estudiar en el Conservatorio, lo que no logró porque, sorprendentemente, no superó las pruebas de ingreso.

Tras estudiar con Vincenzo Lavigna, quien le dio a conocer la música italiana del pasado y la alemana de la época, fue nombrado maestro de música de Busseto en 1836, el mismo año en que contrajo matrimonio con la hija de su protector, Margherita Barezzi. 

El éxito que Verdi obtuvo en 1839 en Milán su primera ópera, Oberto, conte di San Bonifacio, le procuró un contrato con el prestigioso Teatro de la Scala. 

Sin embargo, el fracaso de su siguiente trabajo, “Un giorno di regno”, y, sobre todo, la muerte de su esposa y sus dos hijos, lo sumieron en una profunda depresión en la que llegó a plantearse el abandono de la carrera musical.

No lo hizo: la lectura del libreto de Nabucco le devolvió el entusiasmo por la composición. 

LA OBERTURA

Esta tarde escuchamos Preludios y Sinfonías de óperas compuestas por Giuseppe Verdi. En este caso estas piezas cumplen la función de “Obertura”.

Una obertura es la introducción instrumental de una ópera u otra obra dramática, musical o no. 

Un preludio es una pieza musical breve, usualmente sin una forma interna particular, que puede servir como introducción a los siguientes movimientos de una obra que son normalmente más grandes y complejos. 

Muchos preludios tienen un continuo ostinato debajo, usualmente de tipo rítmico o melódico. 

También hay algunos de estilo improvisatorio. El preludio también puede referirse a una obertura, particularmente a aquellos de una ópera, oratorio o ballet.